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	<title>Psic. Alejandro Portela &#8211; Logos del Alma</title>
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	<title>Psic. Alejandro Portela &#8211; Logos del Alma</title>
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		<title>Eres el funcionamiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 11:07:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[&#8230;Si todo sucede por sí mismo, espontáneamente, ¿por qué, entonces, me detengo en una encrucijada complicada a pensar qué camino [&#8230;]]]></description>
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<p>&#8230;Si todo sucede por sí mismo, espontáneamente, ¿por qué, entonces, me detengo en una encrucijada complicada a pensar qué camino tomar? Primero, cabe decir que esto <a></a>que expreso también sucede espontáneamente; no hay, de forma natural u objetiva, ningún esfuerzo. Segundo, respondo: porque tal experiencia de «dificultad» es solo una que parece ser para «mí», es decir, para el «yo», una vez que se ha construido y opera en este cuerpo la idea de que alguien (yo) habita en él. Ese «yo» es quien aparentemente se detiene, piensa y decide. Sin embargo, la acción completa, incluida la impresión de que «yo hago», siempre sostenida en el concepto metafísico de «yo» que genera toda esta apariencia, se desarrolla de forma absolutamente autónoma, sin un «hacedor». El «yo» es parte del funcionamiento, de este «mecanismo» de manifestación o creación, y no algo separado del fenómeno que lo controle.</p>



<p>Que parezca existir «alguien» en algún lugar (¿dónde?, solo en el espacio social), un fulano que se detiene complicadamente a tomar una decisión y luego se decide, es simplemente uno más de los modos de la naturaleza, el juego de la autoconciencia donde ella adopta, como disfraz, una máscara personal para vivir un sueño de sí misma: la libre subjetividad&#8230;</p>



<p></p>



<h3 class="wp-block-heading">You are the functioning</h3>



<p>[ENGLISH TRANSLATION]</p>



<p>&#8230;If everything happens by itself, spontaneously, why, then, do I stop at a complicated crossroads wondering which way to go? First, it should be said that what I&#8217;m saying also happens spontaneously; there is no effort, naturally or objectively. Second, I answer: because such an experience of «difficulty» is only one that appears to be for «me,» that is, for the «I,» once the idea that someone (I) inhabits it has been constructed and operates in this body. That «I» is the one who apparently stops, thinks, and decides. However, the entire action, including the impression that «I am doing,» always sustained by the metaphysical concept of «I» that generates this entire appearance, develops absolutely autonomously, without a «doer.» The «I» is part of the functioning, of this «mechanism» of manifestation or creation, and not something separate from the phenomenon that controls it. That there seems to exist «someone» somewhere (where?, only in social space), a guy who stops for a moment to make a decision and then decides, is simply one more of nature&#8217;s ways, the game of self-awareness where it adopts, as a disguise, a personal mask to live a dream of itself: free subjectivity&#8230;</p>
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		<title>Opus contra naturam</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Jul 2025 11:28:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[&#8230;La enfermedad y la salud son solo conceptos humanos; la naturaleza simplemente obra en unos cuerpos y en unas mentes [&#8230;]]]></description>
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<p><a></a>&#8230;La enfermedad y la salud son solo conceptos humanos; la naturaleza simplemente obra en unos cuerpos y en unas mentes de una forma u otra, llevando en sus caminos la vida por la muerte y la muerte por la vida sin realmente discernir entre ellas, porque estos también son conceptos. La naturaleza, en sus operaciones, no se pregunta si algo va bien o mal, si algo sobra o falta; no hay preocupación por lo que ocurre, sino ocupación impersonal, actividad. La salud o la enfermedad no existen objetivamente; son perspectivas del sujeto sobre los fenómenos, es decir, juicios de la percepción subjetiva, la de unos individuos (egos) que supuestamente existen como algo separado del proceso, valorando lo que ocurre a «ellos», esto es, tomando las condiciones o estados —físicos (dolor, placer, etc.) o afectivo-mentales (triste, alegre, etc.)— como «propios», involucrándose en lo que ocurre al cuerpo, o, a la mente, para «ayudarle» con cuidados (therapeía) a subsistir o mejorar. Si el cuerpo obedece a este «yo» de permanecer de cierta manera, se dice que está «sano»; hay equilibrio. Pero, si el cuerpo o la mente toma su propio camino, lejos de las expectativas de este «yo» y a sus expensas, se dice entonces que se ha perdido la salud o el alma, y se le trata para que vuelva a funcionar como «debe», negando la funcionalidad actual, pues el deterioro orgánico o mental es visto con pobres ojos, morales&#8230;</p>



<h3 class="wp-block-heading">Opus contra naturam</h3>



<p>[ENGLISH TRANSLATION]</p>



<p>&#8230;Illness and health are merely human concepts; nature simply works in bodies and minds in one way or another, leading life through death and death through life without truly discerning between them, because these are also concepts. Nature, in its operations, does not ask whether something is right or wrong, whether something is superfluous or lacking; there is no concern for what is happening, but rather an impersonal occupation, an activity. Health or illness do not exist objectively; they are the subject&#8217;s perspectives on phenomena, that is, judgments of subjective perception, that of individuals (egos) who supposedly exist as something separate from the process, evaluating what happens to «them,» that is, taking the conditions or states—physical (pain, pleasure, etc.) or affective-mental (sad, happy, etc.)—as «their own,» involving themselves in what happens to the body, or to the mind, to «help» it with care (therapy) to survive or improve. If the body obeys this «self» by remaining in a certain way, it is said to be «healthy»; there is balance. But if the body or mind takes its own path, far from the expectations of this «self» and at its expense, then it is said to have lost its health or soul, and it is treated to return to its proper functioning, denying its current functionality, since organic or mental deterioration is viewed with a poor, moral eye&#8230;</p>
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		<title>Tercera consideración intempestiva: Schopenhauer como educador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 25 Aug 2024 23:11:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Citas y fragmentos]]></category>
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					<description><![CDATA[[Cada hombre porta en su interior, como núcleo de su ser, una unicidad productiva; y, si llega a hacerse consciente [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>[Cada hombre porta en su interior, como núcleo de su ser, una unicidad productiva; y, si llega a hacerse consciente de esta unicidad, se difunde a su alrededor un extraño resplandor, el resplandor de lo extraordinario. Esto es para la mayoría algo insoportable, porque, como ya he dicho, los seres humanos son perezosos y porque de esa unicidad pende una cadena de molestias y esfuerzos. No cabe duda de que para el ser extraordinario que carga con esta cadena, la vida sacrifica casi todo aquello que se anhela en la juventud: jovialidad, seguridad, ligereza, honor, el premio de la soledad es el regalo que le hacen sus congéneres; el desierto y la caverna surgen de inmediato allí dondequiera que viva. Entonces tendrá que cuidarse de no dejar que lo sometan, de no sentirse oprimido, así como de caer en la melancolía]</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>Friederich Nietzsche, «Schopenhauer como educador». Ed. Valdemar. España, 1999, p. 71</p>
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		<title>Filósofo danzarín</title>
		<link>https://alejandroportela.net/filosofo-danzarin/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Aug 2024 23:02:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Aforismos]]></category>
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					<description><![CDATA[…Y no veo necesidad alguna, propósito, ni razón en el vacío primigenio de realizar nada de cuanto hace de manera [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>…Y no veo necesidad alguna, propósito, ni razón en el vacío primigenio de realizar nada de cuanto hace de manera espontánea, ¡qué seriedad!; su sueño más bien es puro entretenimiento (lyla), puro gozo extático pues así vacío como él es está completo. Es la inocencia de un niño jugando absurdamente, caoticamente, a los dados no al diseño ambicioso meticulosamente ordenado en su despliegue por reglas determinísticas, impuestas autoritariamente por un dios racional (loco) con un «plan», presa como nosotros los hombres de necesidades neuróticas tras fantasías metafísicas teleológicas y aspiraciones a sistema o «teorías del todo», cuando menos en filosofía después de Hegel pasadas de tiempo. La existencia no tiene sentido ni significado, ni concepto que como un eje la vertebre o la dirija, es como el movimiento del sable que se ha dado sin mente, libre expresión sin más motivo que ser. Ni porqué ni para qué ni cómo le hallarás, a lo que sólo es para ser amado no entendido. Sean estas las palabras del filósofo danzarín…</p>
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		<title>Al abrigo del amor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Aug 2024 03:12:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Textos de anti-psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[&#8230;Si definimos amor en un sentido grande, como lo que es dado, la realidad que en su abrazo da cabida [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>&#8230;Si definimos amor en un sentido grande, como lo que es dado, la realidad que en su abrazo da cabida a lo que tiene lugar, que es todo, tendremos que considerar las cosas más horribles, vividas subjetivamente, también como expresiones de este amor, y al que debe añadiŕsele, para distinguirlo del más humano afecto, el adjetivo de «incondicional». Por este amor es que no han dejado de ser posibles, pues dejarlas ser es «permitirlas», todas esas cosas tan atroces, pues por un poco que el amor como realidad total las excluyése, y poniéndose contra sí mismo las odiase y destruyese, como si el amor pudiese indignarse moralmente, su expresión tendría entonces limitaciones ajustadas a los deseos y valoraciones de los hombres, respondiendo a estos en sus términos (lo que Job quisiera), y así no tendría el amor la trascendencia objetiva por la que es precisamente lo incondicional e incondicionado…</p>
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		<title>Tercera consideración intempestiva:       Schopenhauer como educador</title>
		<link>https://alejandroportela.net/tercera-consideracion-intempestiva-schopenhauer-como-educador/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Aug 2024 20:52:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Citas y fragmentos]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Friederich Nietzsche (CAPITULO I) Al preguntársele cuál era la característica de los seres humanos más común en todas partes, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Por Friederich Nietzsche</p>



<p>(CAPITULO I)</p>



<p>Al preguntársele cuál era la característica de los seres humanos más común en todas partes, aquel viajero que había visto muchas tierras y pueblos, y visitado muchos continentes, respondió: la inclinación a la pereza. Algunos podrían pensar que hubiera sido más justo y más acertado decir: son temerosos. Se esconden tras costumbres y opiniones. En el fondo, todo hombre sabe con certeza que sólo se halla en el mundo una vez, como un &#8216;unicum&#8217;, y que ningún otro azar, por insólito que sea, podrá combinar por segunda vez una multiplicidad tan diversa y obtener con ella la misma unidad que él es; lo sabe, pero lo oculta como si le remordiera la conciencia. ¿Por qué? Por temor al prójimo, que exige la convención y en ella se oculta. Pero, ¿qué obliga al único a temer al vecino, a pensar y actuar como lo hace el rebaño y a no sentirse dichoso consigo mismo? El pudor acaso, en los menos; pero en la mayoría se trata de comodidad, indolencia, en una palabra, de aquella inclinación a la pereza de la que hablaba el viajero. Tiene razón: los hombres son más perezosos que cobardes, y lo que más temen son precisamente las molestias que les impondrían una sinceridad y una desnudez incondicionales. Sólo los artistas odian ese indolente caminar según maneras prestadas y opiniones manidas y revelan el secreto, la mala conciencia de cada uno, la proposición según la cual todo hombre es un milagro irrepetible; sólo ellos se atreven a mostrarnos al ser humano tal y como es en cada uno de sus movimientos musculares, único y original; más aún, que en esta rigurosa coherencia de su unidad es bello y digno de consideración, nuevo e increíble como toda obra de la Naturaleza y en modo alguno aburrido. Cuando el gran pensador desprecia a los hombres, desprecia su pereza, porque por ella se asemejan a productos fabricados en serie, indiferentes, indignos de evolución y de enseñanza. El hombre que no quiera pertenecer a la masa únicamente necesita dejar de mostrarse acomodaticio consigo mismo; seguir su propia conciencia que le grita: «¡Sé tú mismo! Tú no eres eso que ahora haces, piensas deseas».</p>



<p>Toda joven alma oye este grito día y noche y se estremece, pues presiente la medida de felicidad que, desde lo eterno, se le asigna cuando piensa en su verdadera liberación; mas de ningún modo alcanzará esa felicidad mientras se halle unida a la cadena de las opiniones y el temor. ¡Y qué desolada y absurda puede llegar a ser la vida sin esta liberación! No existe en la Naturaleza ninguna otra criatura más vacía y repugnante que el hombre que se aparta de su genio y no mira sino a derecha e izquierda, hacia atrás y al horizonte. Al final, es completamente ilícito atacar a un hombre así, pues no es más que envoltura exterior carente de contenido, una vestidura ajada, pintarrajeada, hinchada, un espectro aureolado que no suscita temor ni compasión. Y si con razón se dice del perezoso que «mata el tiempo», habrá que cuidarse seriamente de que un periodo, una época, que cifra su salud en la opinión pública, es decir, en las perezas privadas, muera realmente de una vez; quiero decir, que se la suprima de la historia de la verdadera liberación de la vida. Qué grande debe de ser la repugnancia de las generaciones futuras al ocuparse de la herencia de una época en la cual no regían hombres vivos sino apariencias humanas con opinión pública; por eso, probablemente nuestro tiempo será, para alguna otra lejana edad posterior, el más oscuro y desconocido, en tanto que el periodo más inhumano de la Historia. Camino por las calles nuevas de nuestras ciudades y pienso que de todas esas casas horribles que ha construido la generación de los que opinan públicamente no quedará nada en pie dentro de un siglo, y que también entonces se habrán derrumbado las opiniones de esos constructores de casas. En cambio, grande es la esperanza de quienes no se consideran ciudadanos de estos tiempos; y es que, si lo fuesen, habrían contribuido a matar su tiempo, y con su tiempo se habrían hundido; mientras que, por el contrario, ellos no querían sino que su época despertara a la vida, a fin de existir en esa misma vida.</p>



<p>Pero aun cuando el futuro no nos permitiera esperar nada, nuestra extraordinaria existencia en este «ahora» concreto -esto es, el hecho inexplicable de que sea precisamente hoy cuando vivimos a pesar de que existió un tiempo infinito para nacer, de que no poseamos nada más que un interesante y largo «hoy», y que es en él donde debemos mostrar la razón y el fin de que hayamos nacido justamente en este momento- nos alentaría enérgicamente a vivir según nuestra propia medida y conforme a nuestra propia ley. Tenemos que responder ante nosotros mismos de nuestra existencia; por eso queremos ser los verdaderos timoneles que la dirigen, y no estamos dispuestos a permitir que se asemeje a un puro azar carente de pensamiento. Esta existencia requiere que se la tome con cierta temeridad y cierto peligro, sobre todo cuando, tanto en el mejor como en el peor de los casos, siempre acabamos perdiéndola. ¿Por qué, pues, depender de ese pedazo de tierra, de esa profesión, por qué ocuparse en ofr lo que dice el vecino? Es puro provincianismo comprometerse con opiniones que un par de cientos de millas más lejos no comprometen. Oriente y Occidente son trazos de tiza que alguien dibuja ante nuestros ojos para burlarse de nuestro temor. «Quiero hacer el intento de alcanzar la libertad», se dice el alma joven, y, sin embargo, se lo impedirá el hecho mera- mente causal de que dos naciones se odien y se combatan, o que haya un mar entre dos continentes, o que en torno a ella se enseñe una religión que, no obstante, hace un par de milenios aún no existía. «Nada de esto eres tú», se dice el alma. Nadie puede construirte el puente sobre el que precisamente tú tienes que cruzar el río de la vida; nadie, sino tú sola. Verdad es que existen innumerables senderos y puentes y semidioses que desean conducirte a través del río, pero sólo a condición de que te vendas a ellos entera; mas te darías en prenda y te perderías. Existe en el mundo un único camino por el que nadie sino tú puede transitar: ¿Adónde conduce? No preguntes, ¡síguelo! ¿Quién fue el que pronunció la sentencia: «Un hombre no llega nunca tan alto como cuando desconoce adónde puede conducirlo su camino»?</p>



<p>Pero, ¿cómo podremos encontrarnos a nosotros mismos? ¿Cómo puede el hombre conocerse? Se trata de un asunto oscuro y misterioso; y si la liebre tiene siete pieles, bien podría el hombre despellejarse siete veces setenta, que ni aun así podría exclamar: «¡Ah! ¡Por fin! ¡Éste eres tú realmente! ¡Ya no hay más envolturas!». Por lo demás, es una empresa tortuosa y arriesgada excavar en sí mismo de forma semejante y descender violentamente por el camino más inmediato en el pozo del propio ser. Corremos el riesgo de dañarnos de manera que ningún médico pueda ya curarnos. Y, además, ¿para qué sería necesario algo así cuando todo es un testimonio de nuestro ser: nuestras amistades y enemistades, nuestra mirada y la manera de estrechar la mano, nuestra memoria y lo que olvidamos, nuestros libros y los rasgos de nuestra pluma? Pero he aquí una vía para llevar a cabo este interrogatorio tan importante. Que el alma joven observe retrospectivamente su vida, y que se haga la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que has amado hasta ahora verdaderamente? ¿Qué es lo que ha atraído a tu espíritu? ¿Qué lo ha dominado y, al mismo tiempo, embargado de felicidad? Despliega ante tu mirada la serie de esos objetos venerados y, tal vez, a través de su esencia y su sucesión, todos te revelen una ley, la ley fundamental de tu ser más íntimo. Compara esos objetos, observa de qué modo el uno complementa, amplía, supera, transforma al otro, cómo todos ellos conforman una escalera por la que tú misma has estado ascendiendo para llegar hasta lo que ahora eres; pues tu verdadera esencia no se halla oculta en lo más profundo de tu ser, sino a una altura inmensa por encima de ti, o cuando menos, por encima de eso que sueles considerar tu yo. Tus verdaderos educadores y formadores te revelan cuál es el auténtico sentido originario y la materia fundamental de tu ser, algo que en modo alguno puede ser educado ni formado y, en cualquier caso, difícilmente accesible, capturable, paralizable; tus educadores no pueden ser otra cosa que tus liberadores. He aquí el secreto de toda formación: no presta miembros artificiales, narices de cera, ojos de cristal; antes bien, lo que tales dones ofrecen sería el envés de la educación. Mientras que aquélla no es sino liberación, limpieza de la mala hierba, de las inmundicias, de los gusanos que quieren alimentarse de los tiernos brotes de las plantas; es torrente de luz y calor, dulce caída de lluvia nocturna; es imitación y adoración de la Naturaleza allí donde ésta muestra sus intenciones maternas y piadosas, también es su retoque cuando procura evitar sus crueles e implacables envites transformándolos en algo beneficioso al cubrir con un velo las manifestaciones de sus propósitos de madrastra y de su triste locura.</p>



<p>Es cierto que existen otros medios para encontrarse a sí mismo, para salir del aturdimiento en el que habitualmente nos agitamos como envueltos en una densa niebla, pero no conozco ninguno mejor que el de recordar a nuestros propios educadores y formadores. Y he aquí porqué voy a recordar hoy a un educador y a un severo maestro del que puedo sentirme orgulloso: &#8216;Arthur Schopenhauer&#8217;, para recordar después a otros.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>Friederich Nietzsche, «Schopenhauer como educador». Ed. Valdemar. España, 1999. pp. 35-41</p>
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		<title>Recolectores de experiencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Aug 2024 23:07:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Voces del gñani]]></category>
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					<description><![CDATA[…No somos para el absoluto distintos del pájaro que para volar, hacer nidos, piar y picotear ha surgido. Experiencias le [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>…No somos para el absoluto distintos del pájaro que para volar, hacer nidos, piar y picotear ha surgido. Experiencias le recoge cada consciencia particular, y que aquél disfruta en cada momento y en cada lugar a través de estos vehículos, pues la vida aquí y ahora no es sino el éxtasis de sí mismo. Su «felicidad», que consiste en el gozo de sí, es lo que importa no la nuestra, y la destrucción tanto como la creación es su deleite, el bien así como el mal, pues este absoluto es incondicional, no se niega ningún tipo de experiencia, de donde se sigue porqué es que a través de sus conciencias se somete él mismo a todo tipo de pruebas, pues se trata de un experimento suyo en el que está dispuesto a comprometerse todo, solo para jactarse en su indestructibilidad, en su alegría de ser. ¿A qué venimos pues los hombres a la tierra? A darle al absoluto nuestras experiencias, pues somos recolectores de existencia, y lo que él ha sembrado nosotros lo tenemos que disfrutar, pues somos algo así como los órganos de sus sentidos. No hay desviación alguna, siendo lo que somos, haciendo lo que hacemos, como los pájaros, cantamos al Señor…</p>
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		<title>El sentido de lo impersonal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Aug 2024 23:20:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[&#8230;»Mi» vida es del daimon, la pregunta por su sentido ya no se formula aquí, siendo esto que sucede a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>&#8230;»Mi» vida es del daimon, la pregunta por su sentido ya no se formula aquí, siendo esto que sucede a cada momento, lo que sea y como sea, ya todo el sentido mismo. Lo que sea que se vive nunca se trata de quien vive, de «mi». Un sentido de lo impersonal, fruto de los accidentes en la propia trama dramática existencial, no que alguien pueda deliberadamente despertarlo, permite vislumbrar que cada vida no tiene su epicentro en sí misma por auto-referencial que sea la conciencia egoica, sino que, más bien, ella es una porción solamente en el &#8216;opus mágnum&#8217; de la naturaleza, una que «yo» no entiendo ni tengo porqué entender, pues no estoy aquí para resolver su misterio sino para participar, y mi felicidad o infelicidad, no tiene la menor importancia, pues esto, lo que sea que ocurre, no es un plan para «mi».</p>



<p>Podría morir, ahora mismo, pero en cuanto sigo respirando es porque no termina aún esta función de la totalidad vía este su vehículo. Pero esta labor de uno, que no es de uno, pudiera ser poco especial, intrascendente según nuestra óptica &#8216;humana, demasiado humana&#8217;, una función muy distinta de la que uno mismo quisera atribuirse, este papelón que asumimos imaginariamente como protagonistas de una historia relevante, llena de significado. Como todo el mundo, no sé realmente para qué estoy aquí, tal vez sea para lavar estos platos una vez más con Ajax y arruinar un crecimiento de bacterias; lo único que llegamos a saber, quizás, es que se realiza algo desconocido a través nuestro, y eso debiera bastarnos, pues somos solo sirvientes, o, menos que eso, pues no lo realizamos ni hay tal «nosotros»…</p>



<p></p>
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		<title>Nada más aterrador</title>
		<link>https://alejandroportela.net/nada-mas-aterrador/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Aug 2024 00:58:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Citas y fragmentos]]></category>
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					<description><![CDATA[«He llegado a la conclusión aterradora de que yo soy el elemento decisivo en mi vida. Yo poseo el tremendo [&#8230;]]]></description>
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<p>«He llegado a la conclusión aterradora de que yo soy el elemento decisivo en mi vida. Yo poseo el tremendo poder para hacer mi vida miserable o alegre. Para con otros y conmigo mismo, yo puedo ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración. Es mi respuesta que decide si una crisis se escala o no. Son mis acciones que deciden si yo me ennoblezco o me degrado, y si humanizan o deshumanizan a los demás. Yo soy el poder en mi vida.»</p>



<pre class="wp-block-code"><code>                               Johann Goethe, (1749-1832)</code></pre>



<p>…Nada más aterrador, cierto, que un desmedido sentido de responsabilidad por la propia vida, por la propia obra o por el mundo, producto de la identificación con el poder. (&#8216;Titanismo&#8217; de la Sturm und Drang). Es la hybris por la que todo genio que se toma a sí mismo por el &#8216;creador&#8217;, paga con el espanto en su &#8216;temor de Dios&#8217;…</p>
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		<title>El paso de la `vida simbólica´ a la `vida lógica´ del alma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Portela]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Aug 2024 00:52:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Textos de anti-psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[…Lo «significativo», en el sentido de lo relevante, para esta psicología &#8216;ánimus&#8217; que marcha negativamente al son del espíritu moderno [&#8230;]]]></description>
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<p></p>



<p>…Lo «significativo», en el sentido de lo relevante, para esta psicología &#8216;ánimus&#8217; que marcha negativamente al son del espíritu moderno más allá de la perspectiva ingenua del &#8216;ánima,&#8217; ya no está en el campo semántico del significado, en la polisemia del símbolo ni en la diversidad de la experiencia estética de las imágenes, sino en la sintáxis del enunciado, en la estructura lógica del pensamiento, en la &#8216;forma&#8217; interna como algo se dice y no en lo que se dice, en el contenedor alquímico no en sus contenidos, en el orden intrínseco del fenómeno, su logos, y no el aparente &#8216;cosmos&#8217;. El mundo no es visto ya como un «sueño» que deba ser comprendido en sus propios términos imaginales tal como lo viene queriendo y realizando una psicología &#8216;ánima&#8217; , eso es solo el portón del alma no su esencialidad más íntima, pues bajo la matriz simbólica inconsciente, descubrimos aún una verdad más profunda que los mitos antiguos (que por lo demás ya no son los nuestros), y es que hay todavía una «razón» tras nuestras imágenes que tiene que ser pensada racionalmente, eso &#8216;nouménico&#8217; inaccesible, que por temor a pensarlo más que por una limitación epistémica, quedó a oscuras en la noción junguiana de &#8216;arquetipo&#8217;. El mismo término, ya en su etimología, nos remite a cierto &#8216;principio&#8217; (arké), no a la mística «noche donde todos los gatos son pardos» diría Hegel, sino a un fundamento racional (Grund) objeto del preguntar de los primeros filósofos de la physis. La seca razón del mundo, eso de lo que el romanticismo y una óptica pesimista de nuestros tiempos huye, ahí es a donde nosotros hemos de encaminarnos en pos de lo verdaderamente significativo, por poco agradable que sea a nuestras vidas urgidas de un sentido personal y «reencantamiento del mundo». A la psicología también le toca pasar de su infancia, interiorizarse para madurar…</p>
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